Joven en la plenitud de la vida, Pierre Delsahut fué aceptado como Voluntario de la "Pompe France" de Santiago el día 14 de Noviembre de 1960, cuando cumplía 26 años. Ya eran voluntarios de la Cuarta Compañía sus hermanos Edmundo y Haroldo, y más tarde ingresaría su otro hermano Fernando.

Había nacido en la ciudad de Talca el 6 de Julio de 1934 y sus estudios los hizo en Santiago, contrayendo matrimonio en el año 1957, con una mujer extraordinaria, que lo alentaba en todas sus actividades. Trabajaba en la firma Caffarena, en un puesto de confianza, donde siempre demostró su capacidad y su especial sentido de responsabilidad y de compañerismo. Ya se mostraba interesado en ingresar al Cuerpo de Bomberos y seguir la ruta trazada por sus hermanos; pidió a Edmundo que lo patrocinara, pero éste se negó pensando en que Pedro se debía más a su hogar y a sus dos hijos Pedro y Claudio. Pasaron los días, y entonces buscó otro amigo que lo presentara a la Cuarta. Lo encontró en un ex-cuartino, Jean Guy Cauty. Así vió cumplidos sus anhelados sueños y formó filas con sus hermanos y SUS amigos de la Compañía.

Desde un comienzo se destacó entre sus compañeros por su cariño hacia la Compañía, por su carácter jovial, su espíritu de cooperación y disciplina y por su especial afán de aprender. El año 1961 fué elegido Ayudante y a la fecha de su muerte seguía con interés y con la mejor asistencia los Cursos Técnicos del Cuerpo, demostrando así su enorme interés en ser útil. Estaba ya compenetrado de la tradición del Cuerpo: "En la madrugada del 15 de Noviembre de 1962, a las 2.45 horas, y a los 2 años casi exactos de su ingreso a la 4ta., estalla un incendio en Huerfanos y Amunátegui. Pierre acude como de costumbre a luchar contra el fuego y a defender a la ciudad. Fué su propia esposa la que lo despertó y le ayudó a colocarse su uniforme, sabiendo que siempre debía cumplir con su deber.

El lugar amagado era un edificio en construcción de la firma Neut Latour y Cía., donde se quemaban materiales de construcción, aspecialmente castillos de madera. Es Edmundo Delsahut, su hermano, quien como Jefe de Guardia de la Cuarta llega al lugar y dispone el ataque con 4 pitones de 50 y 1 de 70. Se trabaja con decisión y energía y a las 3.30 horas se considera el lugar fuera de peligro y quedan para remover escombros y terminar con algún foco peligroso, las Compañías de agua 3a, 4a y la 6a y 12a de hachas y escalas. Los camaradas de la Cuarta hacen bromas mientras se trabaja extinguiendo el fuego aparecido en un castillo de madera. No hace frío y ya son las 4.20 horas de la madrugada. Sólo se oyen a lo lejoslas voces de mando, el ruido del agua de los pitones, de las hachas y picotas y el crugir de las maderas calcinadas que se quebran. El vapor blanco es denso y se ve poco. Este es el decorado siniestro cuando surge la tragedia como una mano negra que lo abate todo.

Una muralla de 11 metros, que se mantenía erguida, como un monstruo en las sombras se viene abajo, talvez por efectos del agua, que debilitó su base de adobe. Se oye el grito ¡¡¡ CUIDADO !!! Pero la masa de piedra, cemento y barro cae y atrapa, segando sus vidas, a 6 voluntarios e hiriendo a otros 24, que trabajan encima y a los pies de los castillos de madera. Pierre Delsahut muere instantáneamente, junto a su pitón, sepultado por el barro y otros materiales. Más allá, sus camaradas CANTO, de la 3a, CUMMING y CACERES, de la 6a, y GIORGIO y DUATO, de la 12a son tocados por el Destino y pasan a formar parte de los bomberos muertos por el ideal de servir.

Pese a la experiencia bomberil y a las precauciones tomadas, este hecho no pudo ser advertido y le caída de la muralla, mal construída, fué sorpresiva, sin un crugido de advertencia. Pasado el primer instante de terror y confusión, los bomberos volvieron como oleadas a rescatar a sus compañeros aplastados por el derrumbe, mientras las sirenas empezaron a sonar lúgubremente, dando la alarma general. Entre los escombros, entre los palos retorcidos, los pedazos de concreto aparecían los cuerpos ensangrentados de los camaradas atrapados por la tragedia. El rescate de los muertos y heridos dió lugar a escenas conmovedoras. Sus amigos trabajaban con manos y herramientas para extraer los cuerpos de sus camaradas atrapados, que hace poco rato luchaban juntos contra el fuego.

Pierre Delsahut es rescatado el último, con ayuda de los amigos de la 12a. Emilio Pinaud y Jorge Laulie también quedaron atrapados por parte de los escombros de la cintura hacia abajo. Todos estaban consternados, la tragedia pintaba en ellos el dolor en sus rostros; parecían no creer en este hecho y se sentían impotentes; nada podían hacer. Sus hermanos,los más afectados, con sus ojos húmedos apenas comprenden el doloroso suceso. Es difícil explicar los sentimien tos de cada uno y la pena que los embarga. Parecía mentira que esto sucediera a uno de los nuestros, que ayer no máss estaba en el cuartel con nosotros, lleno de vida y haciendo planes para el futuro, contando como serian de bomberos sus hijos.

Con febril actividad se procedió a rescatar los cuerpos. Pierre, con su casco de acero abollado y su cuerpo aplastado ya cruzaba el cielo para su encuentro con sus camaradas GLAZIOU y GOURGEON. La 4a tambien había cumplido y entregaba al Cuerpo de Bomberos de Santiago su mártir n°25. Solo quedaba el dolor...DELSAHUT ya descanza en paz. No está entre nosotros, aunque se le dá por presente en cada acto, en cada

Su joven esposa, María Inés, envió la siguiente nota en respuesta a la condolencia que le hizo llegar el Directorio del Cuerpo de Bomberos de Santiago: En los momentos en que mayormente me sentía abatida por el trágico fallecimiento de mi marido Pedro Dalsahut R., llegó a mis manos la delicada nota que Ud. me enviara para expresarme la condolencia del Directorio del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Ella ha contribuído poderosamente a llevar a mi atribulado corazón un poco de calma, consuelo y resignación, después de haberlo visto partir para siempre de nuestro hogar en la madrugada del día 15 del presente, a inmolar su vida junto a los voluntarios señores Canto, Cáceres, Cumming, Duato y Georgi, en aras del sublime altruísmo que todos ellos sentían en su alma. Despiadado ha sido para mí el Destino, porque me ha privado de la dulce compañía del hombre con el que, hace tan pocos años, había fundado mi hogar. Me lo ha arrebatado cuando más sentía su ferviente amor conyugal, sumiéndome, de improviso en la indiscutible realidad da los recuerdos excelsos. Me ha dejado sola con dos niños que lo querían, por ser tan pequeños, por sobre todas las cosas de la tierra. Pero, a la vez, debo con cristiana resignación pensar que no me es dable sublevarme a este destino, que era el suyo, desde el primer día que Pedro y yo nos conocimos. Creo, en cambio, que por siempre podre sí considerar como el mayor de los privilegios de mi vida el haber sido la compañera de un hombre tan noble. Y puede estar usted cierto que, apenas mis hijitos estén en edad de discernir, les diré como era su padre, como los quería; pero por sobre todo les diré cuánto fué de bueno para con los demás y les haré comprender cuanto veneraba la noble causa por la cual dió la vida. Sólo así creo que me será posible corresponder al privilegio de haber sido la esposa de un mártir de la generosa institución que Ud. preside. Reciba usted y, por vuestro muy digno intermedio, el Directorio de ese Cuerpo, mis agradecimientos más sentidos por vuestras tan gentiles expresiones; y el saludo más emocionalmente cordial de María Inés Podestá de Delsahut. Dos años después, y llena de pena, María Inés fué a reunirse con Pierre en la eternidad...

Texto original de nuestro Voluntario Honorario Jorge Poirier (Q.E.P.D.) y cooperación fotográfica de Eduardo Prieto

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15 de noviembre de 1962, hora aproximada 04:00, aún humeaban restos de maderas, el vapor y el humo como cuantas veces se confundían, de pronto como un gigante de dimensiones no conocidas, en un segundo caía sobre los muchachos, el ruido, la tierra, los llantos que comenzaban a surgir desde el montón de escombros que ahora aparecía, gritos de espanto, dolor, sangre, muerte “.

Como siempre, dispuestos a cumplir con el deber, la guardia de la Tercera, Cuarta y Sexta compañía, se dirigieron al llamado de Amunátegui y Huérfanos, no todos volvieron. De seguro las manos de muchos de mis actuales camaradas, se gastaron de tanto sacar escombros, de tanto tirar maderos, de tanto rasguñar por sacarlos, la tragedia estaba ahí, lo que parecía un incendio común se transformaría en la peor jornada del Cuerpo de Bomberos de Santiago, seis de sus mejores hombres ya no estarían formando entre sus compañías, pasaron a ser parte de la compañía celestial liderada por el Comandante Humbser.

De las compañías hermanas y vecinas 3°, 4°, y 6° que paradójicamente salieron al llamado, las tres perdieron a sus hijos, y la duodécima a dos jóvenes Bomberos.

Hoy, en el edificio que se construía cuando fue el incendio, una placa en mármol con los escudos de las 4 compañías dolientes, mantiene los nombres de estos 6 hombres, que dieron la vida por lo que nosotros también amamos.......Dar la vida si fuese necesario.

A todos ellos nuestro recuerdo.

A Pedro Delsahut Román, quien con su muerte dejó su esposa e hijos, las nuevas generaciones deben recordarlo y admirarlo por su entrega, de la cual nos sentimos consternados y orgullosos.

Eduardo Prieto, Voluntario Honorario